Vejiga hiperactiva en niños: causas y tratamiento

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la médica María Belén del Río el 25 marzo, 2019
Virginia Martínez · 26 marzo, 2019
Una urgencia anormal de orinar y una frecuencia miccional superior a 8 veces al día puede indicar que el niño padece de vejiga hiperactiva. En este artículo te contamos cuáles son sus causas, su diagnóstico y su tratamiento.

La vejiga hiperactiva en niños es un síndrome que ocasiona una necesidad urgente de orinar. En estos casos, la necesidad es tal que incluso puede ser difícil de controlar, provocando pérdida involuntaria de orina.

Aunque esta condición puede darse tanto en adultos como en niños, en este artículo te explicamos qué es la vejiga hiperactiva en niños, sus causas, cómo se diagnostica y cuál es su tratamiento.

Vejiga hiperactiva en niños

La vejiga hiperactiva (VH) es un síndrome que se presenta como una urgencia miccional, es decir, una necesidad urgente de orinar. Normalmente, viene acompañada por un aumento de la frecuencia. Es, además, la segunda causa más frecuente de disfunción vesical en niños después de la enuresis.

La intensidad de la urgencia es tal que, en muchos casos, es imposible controlarla. De este modo, el niño puede tener pérdidas de orina. Esto, por su parte, puede provocar serios problemas en la vida del pequeño, teniendo un impacto negativo en su vida social o emocional.

En efecto, si se presentan pérdidas de orina ante la imposibilidad de controlar la urgencia miccional, el niño puede empezar a evitar o a rechazar participar en diversas actividades por el miedo a sufrir alguna pérdida. Por esta razón, es importante estar atentos a los síntomas y consultar con el especialista cuanto antes.

Síntomas

niño que se ha hecho pis en la cama: vejiga hiperactiva en niños
A diferencia de la enuresis, esta incontienencia se manifiesta en cualquier momento del día.

En primer lugar, no debemos confundir la vejiga hiperativa con otras condiciones como la enuresis (escapes de orina sólo durante la noche). La VH puede presentarse en cualquier momento del día.

En líneas generales, manifiesta los siguientes indicios o síntomas:

  • Frecuencia miccional de más de 8 veces al día.
  • Dificultad para controlar la necesidad de orinar.
  • Posibles pérdidas de orina.
  • Maniobras de retención como sentarse con las piernas cruzadas o adoptar otras posturas para tratar de evitar pérdidas.
  • En casos extremos, incontinencia urinaria.
  • Los síntomas provocan angustia o afectan a la vida normal del niño.

Causas de la vejiga hiperactiva

La teoría actual indica que la VH podría estar relacionada con una maduración tardía del sistema nervioso central. Así, al llenarse la vejiga, no se activaría de forma eficiente el reflejo inhibitorio de la micción.

Este problema podría estar relacionado con condiciones propiamente físicas del niño, tales como anomalías del aparato urinario, infecciones de vejiga o riñones y falta de maduración del sistema nervioso central, según indicamos. No obstante, también podría estar relacionada con otras condiciones como el estreñimiento.

En algunos casos, se debe a que el niño no ha aprendido correctamente a controlar la micción (proceso que suele comenzar a los 3-5 años). Es decir, el pequeño no ha aprendido correctamente a controlar los esfínteres.

Asimismo, condiciones tales como trastornos mentales, de la conducta, de aprendizaje o de ansiedad, entre otros, pueden tener entre sus síntomas la aparición de vejiga hiperactiva.

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Diagnóstico

madre e hijo en orinal
Se deberán observar los hábitos miccionales del niño para encontrar la causa subyacente.

Para poder establecer un diagnóstico de la VH, el médico realizará las siguientes pruebas y exámenes:

  • Historial completo. Tanto los padres como el niño (si puede) deberán detallar los hábitos miccionales. De hecho, se pedirá que durante unos días se lleve un «diario de micción» en el que se constaten la frecuencia e intensidad de la orina. Además, el médico consultará en el historial posibles problemas desencadenantes.
  • Exploración física. Esta exploración se llevará a cabo tanto en la zona del aparato urinario como mediante pruebas para comprobar el funcionamiento del sistema nervioso.
  • Análisis de orina. De esta manera, podrá establecerse si existen infecciones.
  • Según las evidencias de las pruebas anteriores, el médico puede aconsejar realizar también una ecografía u otros estudios urodinámicos para descartar problemas mayores.

Tratamiento

El tratamiento de la VH en niños dependerá siempre de sus causas. Así, por ejemplo, si está originada por estreñimiento (las heces presionan la vejiga), el tratamiento estará dirigido a solucionar el estreñimiento.

En cualquier caso, las formas de tratamiento más comunes son:

  • Entrenamiento de la vejiga. Puede incluir la programación de la micción (cada x horas), orinar dos veces cuando se va al baño o relajación de los músculos del suelo pélvico, entre otros.
  • En algunos casos, el médico puede recomendar un tratamiento farmacológico (normalmente oxibutinina). De este modo, se aliviarán los síntomas hasta que el niño aprenda a controlar sus esfínteres de manera eficaz. Además, así podrían prevenirse infecciones del aparato urinario.
  • Apoyo de los padres.En ningún caso los padres deben regañar al pequeño, pues no es algo voluntario. Por el contrario, debe contar con su comprensión y apoyo. En este sentido, podría establecerse incluso una terapia motivacional, estimulando al niño con recompensas si sigue el programa con éxito.

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Conclusión

Niño abrazado a su madre
La VH puede afectar seriamente a la vida social y emocional del niño, por lo que debemos brindar nuestro apoyo al completo.

Es importante estar atentos a los síntomas de la vejiga hiperactiva. En efecto, según pudimos comprobar, puede tener un impacto realmente negativo en la vida social, escolar o en la salud emocional del niño, deteriorando su autoestima.

Por esta razón, es importante acudir al médico si observamos síntomas o signos relacionados con este síndrome. De este modo, podremos descartar primero problemas físicos y, después, comenzar un tratamiento para solucionarlo.

En cualquier caso, el apoyo de los padres es siempre necesario. Por esa razón, debemos insistir en que las constantes visitas al baño o las pérdidas de orina no deben nunca ser motivo para regañar al pequeño. Por el contrario, debe contar con nuestro apoyo, serenidad y comprensión.

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