Trastornos por consumo de opiáceos

Este artículo fue redactado y avalado por la farmacéutica María Vijande
23 febrero, 2019
Los trastornos por consumo de opiáceos se caracterizan por una serie de manifestaciones clínicas que ayudan a diagnosticarlos. A continuación se explican las características principales de estos trastornos y el modo de desintoxicación.

Los trastornos por consumo de opiáceos eran, hasta los años 90, las intoxicaciones de drogas de abuso más frecuentes. Se han utilizado siempre con dos fines: para calmar diferentes tipos de dolores o enfermedades y de forma lúdica y recreacional. Su consumo es un factor de riesgo asociado a la muerte accidental por intoxicación.

Los opiáceos incluyen sustancias naturales, semisintéticas y sintéticas. Entre las naturales se encuentran el opio y la morfina, entre otras. En cuanto a las semisintéticas podemos destacar la heroína y la hidromorfina. Por último, la metadona y la meperidina las podemos clasificar como opiáceos sintéticos.

De todas estas sustancias, la heroína es la más consumida. Por ello, los consumidores de opiáceos se pueden dividir en adictos a la heroína, y los abusadores opiáceos por prescripción o “adictos médicos. Estos últimos suelen ser pacientes con dolor que abusan de los medicamentos recetados.

Mecanismo de toxicidad de los opiáceos

Los trastornos por consumo de opiáceos se desencadenan por la capacidad que tienen estas sustancias para interaccionar con receptores en las neuronas.

Debido a sus efectos en la zona del cerebro que regula la respiración, el consumo de opioides en dosis elevadas puede producir depresión respiratoria e incluso la muerte.

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Manifestaciones clínicas

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Los trastornos por consumo de opiáceos se caracterizan por una serie de manifestaciones clínicas que pueden ayudar al diagnóstico. La triada característica de síntomas es:

  • pupilas puntiformes
  • pérdida de consciencia
  • depresión respiratoria

A pesar de que esos son los síntomas más característicos, también pueden aparecer efectos analgésicos, así como estreñimiento, sudor o disminución de la libido en el uso crónico de opiáceos.

Además, también se pueden dar una serie de complicaciones. La deficiencia prolongada de oxígeno, la acidosis respiratoria (no se libera todo el dióxido de carbono), y la hipotermia son ejemplos de las complicaciones que pueden aparecer en los trastornos por consumo de opiáceos.

Diagnóstico y tratamiento

Un buen diagnóstico de la intoxicación por opiáceos se realiza a partir de las manifestaciones clínicas anteriormente descritas. Otro método de diagnóstico es el diagnóstico diferencial. Consiste en tratar a los individuos con un antídoto, la naloxona, y observar si revierte o no el cuadro de la intoxicación.

Este antídoto también sirve como tratamiento de la intoxicación por opiáceos. Revierte los efectos de forma rápida, tarda entre 3 y 4 minutos en revertir la triada característica. Hay situaciones que requieren una administración de dosis repetida.

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Trastornos por consumo de opiáceos: la dependencia

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El consumo crónico de opiáceos produce un cuadro de farmacodependencia que se caracteriza por:

  • Compulsión a seguir tomando la droga.
  • Tolerancia: se debe aumentar la dosis para conseguir los mismos efectos que al principio.
  • Patologías orgánicas asociadas: relacionadas con la vía de administración: por compartir jeringas, infecciones como hepatitis o HIV.
  • Dependencia física: desencadena la aparición del síndrome de abstinencia que, aunque no supone un riesgo vital, es desagradable. Puede durar desde semanas en su fase aguda hasta meses en su fase tardía.

Tratamiento del síndrome de abstinencia por opiáceos

Para la desintoxicación se utiliza metadona, que es un opiáceo sintético. Se puede administrar por vía oral evitando así las patologías asociadas, y presenta una semivida más larga que la morfina y la heroína. Este hecho hace que se mantengan los niveles de opiáceos en el tiempo.

En función de las dosis que el individuo estuviera tomando de droga, se le calcula la cantidad de metadona a administrar. Con el fin de evitar la sobredosis, se dan frascos diarios equivalentes a las dosis de un día. Estas dosis se van reduciendo de forma progresiva hasta su supresión.

Después de la desintoxicación, se produce un periodo de deshabituación. En este tiempo, el riesgo de recaída es muy elevado y es cuando se pretende la reinserción social del drogadicto.