Qué es el efecto Mozart

Thady Carabaño · 24 febrero, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 24 febrero, 2019
El efecto Mozart es una leyenda científica que ha dado sustento a un potente negocio. Más allá de la controversia, el enorme repertorio musical del genuino Mozart es un deleite para quienes lo escuchan.

El supuesto efecto Mozart sobre la inteligencia no ha dejado de ser controversia desde los años 90. Los primeros artículos científicos publicados avalaron cierta influencia de la música del austriaco más universal en el desempeño intelectual, pero también aparecieron detractores.

La evidencia científica no es concluyente. Lo que sí ha prosperado es una potente comercialización de libros, CDs y demás mercancías. Este material se fundamenta sobre todo en el honesto interés de los padres por querer potenciar la inteligencia de sus hijos.

Pero analicemos algunas evidencias que hay detrás del efecto Mozart. con el fin de que disfrutemos junto a nuestros hijos de la genialidad musical de Wolfgang Amadeus Mozart, sin ser víctimas de falsas creencias o de especulaciones que solo van detrás de nuestro dinero.

Así empezó el efecto Mozart

Bebé con auriculares rodeado de notas de música.

En 1991, el investigador Alfred A. Tomatis publicó el libro Pourquoi Mozart, en el cual explicaba que utilizando una metodología de su autoría, podía ayudar en el proceso de curación de pacientes con depresión con la música de Mozart.

Más tarde, en 1993, la psicóloga Frances Rauches, publicó un artículo en la revista Nature, titulado Music and Spatial Task Performance. En el texto explicaba los resultados que habían tenido 36 estudiantes mientras hacían unas pruebas de razonamiento espacio-temporal.

El estudio separó a los estudiantes en grupos. Unos oían la sonata para dos pianos en re mayor de Mozart, otros escuchaban instrucciones de relajación y un tercero grupo estaba en silencio haciendo las pruebas. Los investigadores encontraron que los que habían oído la pieza de Mozart habían tenido mejores resultados.

La noticia se esparció por el mundo. Miles de titulares comenzaron a vender la idea de que la música de Mozart podía estimular el cerebro y aumentar la inteligencia. Sin embargo, el estudio publicado en Nature no se había hecho en niños y solo hablaba de una muy modesta y momentánea mejoría del Coeficiente de Inteligencia en unos pocos estudiantes universitarios.

Lee también: 8 beneficios de tocar un instrumento musical en la infancia.

El impacto comercial del efecto Mozart crece

Tras el boom mediático estalló el comercial. Aparecieron los primeros CD que ofrecían música del autor austriaco para bebés y para madres y padres. Detrás de esa jugada estaba Don Campbel, un músico estadounidense que no tenía ninguna vinculación con el estudio de Rauches.

Campbel publicó dos bestseller en los que hablaba del efecto Mozart para curar todo tipo de males. De hecho, acuñó y registró el término efecto Mozart. Después vinieron una docena más de CDs que promocionaban los beneficios del efecto Mozart.

En 1998, el gobierno del estado de Georgia, Estados Unidos, empezó a entregar CDs de la música de Mozart a las madres que daban a luz. El mismo ejemplo fue seguido por otros estados. Se organizaron conciertos para bebés y se dispararon las ventas de material relacionado con el efecto Mozart.

La controversia científica alimenta al efecto Mozart

Barriga de embarazada con auriculares sobre ella para aplicar el efecto Mozart.

Entre 1999 y 2013, investigadores de distintas universidades en todo el planeta han desacreditado la posible influencia del efecto Mozart en la inteligencia de bebés, niños y adultos.

Escuchar música en general y más si es del agrado de quien escucha, puede mejorar algunas competencias cerebrales. Hacerlo invita a la relajación y estimula la creatividad, pero el aumento de las habilidades es circunstancial, estadísticamente insignificante y momentáneo.

Las investigaciones desarrolladas en universidades como Harvard, California y Viena, estudiaron el impacto de la música de Mozart o de cualquier otro tipo de de música sobre la inteligencia humana. Los resultados demostraron que la música no hace inteligente a nadie.

La propia Frances Rauches estuvo de acuerdo con sus críticos. Declaró que nunca habían dicho que Mozart sirviera para aumentar la inteligencia de los niños. Además, se horrorizó de toda la sobreexplotación comercial que provocó su publicación.

A pesar de los estudios que desacreditan el llamado efecto Mozart, el boom comercial siguió en ascenso. Millones de madres y padres siguen poniendo la música del brillante Mozart a sus hijos, incluso desde antes de nacer. También son reconocidos los efectos de la musicoterapia, que no necesariamente utiliza la música de Mozart.

Lee también: Beneficios de la música en el desarrollo de bebés.

Lo que opinan madres y padres

Sobre todo en internet, existen diferentes publicaciones de padres y madres que dan testimonios de cómo sus hijos, tras escuchar a Mozart, obtienen buenos resultados académicos y destacan frente a sus compañeros de estudios. ¿Qué podemos hacer ante estas evidencias empíricas?

Es nuestra decisión individual si queremos creer o no. Hay un mercado enorme detrás del efecto Mozart. Sin embargo, ello no desacredita la genialidad de la música creada por el artista. Un acervo musical que pertenece a la humanidad, que es mucho más rico y diverso que la sonata que se hizo famosa.

Si disfrutamos de Mozart, si sentimos que es perfecta para los ejercicios de estimulación prenatal y si nuestros hijos disfrutan escuchando esta música o cualquier otra mientras estudian o hacen sus deberes, no tenemos por qué privarnos de este placer musical. Escuchar la música de Mozart nunca será negativo para nadie.

  • McLachlan, J. (1993). Music and spatial task performance. Nature, 366(6455), 520-520. doi: 10.1038/366520a0
  • Tomatis, A. (1991). Pourquoi Mozart?[Why Mozart?]. Paris: Editions Fixot.
  • Rauscher, F. H., Shaw, G. L., & Ky, K. N. (1995). Listening to Mozart enhances spatial-temporal reasoning: towards a neurophysiological basis. Neuroscience letters, 185(1), 44-47.