Mejor solo que mal acompañado

Raquel Lemos Rodríguez · 5 julio, 2017
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 16 enero, 2019
Si esa compañía te trae más penas y preocupaciones que alegrías, quizás deberías plantearte la posibilidad de alejarte. Porque a veces es mejor estar solo que mal acompañado.

Seguro que te resulta conocido el refrán mejor solo que mal acompañado. Y es que no hay mejor decisión que la de elegir la soledad antes que estar en contacto con personas tóxicas.

En ocasiones, nos resulta muy complicado deshacernos de situaciones, relaciones e individuos que están haciendo que nuestra vida sea un verdadero martirio.

¿Por qué nos mantenemos en ellas? La respuesta es sencilla: por miedo.

Mejor solo que mal acompañado en una vida repleta de amargura

Lágrimas

A veces, es mejor estar solo que permitir que nuestra vida se transforme en una existencia llena de tristeza y de amargura. Lo entenderemos mejor con algunos ejemplos.

Imaginemos que Cristina, una mujer de unos 32 años, lleva 5 años con su actual pareja. No obstante, desde hace un tiempo la relación ya no es la misma. Ahora, Cristina tiene que lidiar con discusiones que se producen casi a diario.

No es feliz y ya no siente lo mismo por su pareja. Pero tiene un gran miedo a echar por tierra una relación que ha durado tanto. Además, ¿qué dirían sus padres?

Cristina se ha centrado tanto en su pareja que apenas tiene amigos en los que apoyarse, por lo que la situación es complicada. Esto ocurre en muchas relaciones. Sin embargo, solo tiene dos decisiones que tomar.

Una de ellas es seguir con la dinámica habitual, seguir siendo infeliz y aguantando. Otra es romper su relación, a pesar de todos los miedos que la aborden. Esta última le garantizará un nuevo camino que tomar, probablemente mucho mejor.

Aunque te quedes solo y tengas la sensación de desamparo, quizás estés más tranquilo, más sereno y seas mucho más feliz.

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Las relaciones tóxicas que permitimos en nuestro día a día

Mujer tocándose el corazón

Hay relaciones tóxicas que mantenemos con otros individuos que no necesariamente tienen que ser personas malas.

Sin embargo, la relación que establecemos con ellas no es saludable. Puede que haya manipulaciones de por medio, mentiras, envidia o incluso maltrato.

Lo importante es preguntarnos, ¿qué ganamos estando ahí, permitiendo esa situación?

Está claro que no estamos bien, que estamos mal acompañados. El problema es que tenemos miedo y este impide que tomemos una decisión y nos alejemos.

Como podemos ver, el miedo nos acompaña siempre en estas situaciones y, en ocasiones, este temor se ve potenciado por el que nos infunden esas personas que tenemos a nuestro alrededor.

A veces las relaciones tóxicas se establecen con los amigos, con la familia o con la pareja. La importancia que les demos determinará también la dificultad para poder salir de una circunstancia como esta.

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La importancia de no temerle a la soledad

No hay que temerle a la soledad

Estar mejor solo no es una opción para muchos. Pues, desde pequeños nos inculcan que si no tenemos amigos o pareja somos, literalmente, unos fracasados.

La soledad no está bien vista. Por este motivo nos cuesta mucho desprendernos de cierto tipo de relaciones, aunque estas sean muy tóxicas.

Sin embargo, hay algo de lo que no nos estamos dando cuenta y es de que estamos perdiendo nuestro valioso tiempo. Un tiempo que podríamos aprovechar estando con nosotros mismos, conociéndonos más y pasándolo muy bien.

¿Por qué estamos permitiendo que nos manipulen? ¿Por qué aguantamos hasta terminar exhaustos las humillaciones y los maltratos que otros nos dedican?

Pensemos si realmente queremos pasar el resto de nuestros días así, impasibles, sin tomar una decisión que nos beneficiará por ese miedo que nos han infundido a estar solos y que ni siquiera es nuestro.

Sí, como lo lees. El miedo a la soledad es un miedo aprendido. Porque si alguien de tu entorno viviera una situación similar a la tuya seguro que le dirías que se fuera, que se alejara. Tendrías claro lo que se tendría que hacer.

Ahora bien, cuando uno la vive en carne propia, la cuestión cambia mucho de parecer.

Sin embargo, es mucho más inteligente elegir ser feliz que vivir amargado y rodeado de personas que en vez de sumar, restan. Podemos elegir, así que hagámoslo bien. Porque nuestra felicidad importa y no tenemos tiempo que perder en tristezas, en malos momentos y en personas que nos hagan sentir mal.

No lo dudes. Mejor solo que mal acompañado.