Estrategias para que tu hijo deje de morderse las uñas

Antonella Grandinetti · 8 abril, 2019
¿Tu hijo se muerde las uñas y no sabes cómo ayudarle a abandonar ese mal hábito? Descubre las mejores estrategias para lograr que el niño no se coma las uñas.

No morderse las uñas puede ser más complejo de lo que podríamos pensar en un primer momento. ¿Por qué? Sencillamente por dos motivos. En primer lugar, los hábitos, cuando están arraigados, suelen ser difíciles de modificar y, en segundo lugar, comerse las uñas puede ser una manera de expresar las emociones.

Por supuesto, no todo está perdido y siempre es posible encontrar estrategias para que tu hijo deje de mordisquear (y comer) sus uñas. ¡Continúa leyendo para descubrirlas!

Consejos para no morderse las uñas

Niño mordiéndose las uñas
La onicofagia, o hábito de morderse las uñas, suele aparecer entre los 3 y los 6 años.

El hábito de morderse las uñas se denomina onicofagia y afecta principalmente a niños a partir de los 3 años, siendo más habitual durante la pubertad y adolescencia. Por lo general, este mal hábito suele ser abandonado por el niño sin necesidad de intervenir pero ¿qué podemos hacer si persiste y comienza a lastimarse?

A continuación, veremos algunas ideas prácticas pero, primero, descubriremos por qué algunos niños se comen las uñas. ¿Existe algún tipo de predisposición psicológica o causa que desencadene el hábito?

Causas de la onicofagia infantil

Cuando hablamos de onicofagia no nos referimos a un acto puntual sino a un situación constante y reiterada en el tiempo, es decir que el niño se muerde las uñas de manera regular. Se trata de una conducta obsesiva que, muchas veces, el niño lleva a cabo sin ser consciente de ella.

Según datos publicados en la Revista de Odontopediatría Latinoamericana, «la mayor incidencia de este mal hábito se da en la pubertad (44 %). Es más común en el sexo masculino que en el femenino. En niños de 7 a 10 años, ocurre entre el 28 y el 33 % de los casos«. Entre las principales causas de esta problemática se encuentran:

  • El estrés
  • La ansiedad
  • El aburrimiento
  • Situaciones emocionalmente desestabilizadoras para el niño, como puede ser la muerte de un ser querido, el nacimiento de un hermanito o problemas familiares.

Otra causa posible puede ser la imitación: el niño observa a uno de sus padres (o a ambos) comerse las uñas y repite el hábito sin siquiera darse cuenta. Por este motivo, entre otros, es muy importante que evites morder tus uñas.

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Por qué es malo morderse las uñas

Niña mordiéndose las uñas
El miedo y las tensiones pueden ser los disparadores del hábito de comerse las uñas.

Más allá de lo evidente, en unas manos con uñas roídas, el principal problema de este actuar es que el niño o adolescente puede generarse grandes daños en sus dedos e incluso, cambios de color en las uñas y deformidades.

Una de las principales problemáticas suele ser la aparición de infecciones provocadas por el transporte de bacterias de las uñas a la boca y viceversa.

Además, el niño que padece este trastorno suele mordisquear también la cutícula y la piel alrededor de las uñas. La aparición de heridas puede generar, por otra parte, ansiedad en el niño por la mala apariencia de sus manos. Así, entra en un círculo vicioso del que puede resultar difícil escapar.

También pueden producirse problemas dentales, como la maloclusión, el desgaste de los dientes frontales, la aparición de bruxismo, desgaste del esmalte dental y tejido gingival dañado, entre otros.

Estrategias para combatir el mal hábito

El primer paso para modificar un hábito es descubrir qué lo ocasiona. ¿Cuál es la causa de que tu hijo coma sus uñas? ¿Las muerde en momentos concretos? ¿Puedes indentificar si se relaciona con miedo, ansiedad, tensión o aburrimiento? Investiga un poco y luego, ¡pon manos a la obra!

Puedes decirle cada día a tu hijo que no debe comerse las uñas y, sin embargo, no obtener el resultado esperado. Por eso, te proponemos adoptar alguna de las siguientes estrategias para ayudar a tu hijo a modificar su conducta.

1. Explica a tu hijo por qué no debe comerse las uñas

Madre con su hijo hablado
Conversa con tu hijo para explicarle los riesgos de ese mal hábito.

Sabemos que vives repitiéndole que deje de morder sus uñas, pero te proponemos ir un paso más allá. Tómate el tiempo de explicarle las consecuencias de ese mal hábito, por supuesto, adaptando la información a su edad y nivel de comprensión.

2. Sé su «alarma»

Conversa con tu hijo y arreglalo con él desde ese momento. Así, le recordarás que debe parar con el hábito cada vez que le veas comiendo sus uñas. ¡Podéis incluso establecer una contraseña para intentar convertir la situación en un momento lúdico y cómplice entre vosotros dos!

3. Compra un mordedor

Una interesante opción puede ser regalar a tu hijo un mordedor que le ayude a liberar ansiedad y tensión. Existen muchos en el mercado, incluso pensados específicamente para evitar morderse las uñas.

4. Un juguete para mantener las manos ocupadas

Ofrécele a tu hijo un fidget spinner, un pequeño balón para apretar o un cubo de Rubik. La idea es lograr que tenga las manos ocupadas y evitar así que mordisquee sus uñas. ¿Otra idea? Fomenta que tu hijo haga deporte, puede ser una excelente manera de liberar tensiones.

5. Corta sus uñas a diario

Cortando uñas a niño
Cortando sus uñas diariamente o aplicando productos amargos puede ayudar a que comerse las uñas ya no sea tan apetecible.

No hay mejor manera de evadir la tentación que ¡cortándola de raíz! Si tu hijo mantiene las uñas cortas, será más difícil que las muerda y se lastime. Crea el hábito de cortarle las uñas cada día.

6. Esmalte amargo

La solución de las abuelas puede ser bastante efectiva. Píntale las uñas a tu hijo con esmalte amargo, de esta manera, mordisquearlas ya no será tan tentador. Si no tienes esmalte amargo en casa, puedes colocarle limón en las uñas.

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7. Sistema de premios

Ayuda a tu hijo a no comerse las uñas utilizando un sistema de puntos y premios. Por cada día que no se muerda sus uñas, puede ganar un punto y cuando tenga una cantidad acordada, puedes darle un premio. Este no tiene por qué ser físico, puede ser una salida al cine , un paseo en bicicleta o ¡lo que se te ocurra y os genere placer a los dos!

Modificar un hábito lleva tiempo. Ten paciencia y acompaña a tu hijo en cada paso del camino. Recuerda que es fundamental que se sienta acompañado, apoyado y amado por ti.

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