Mientras nosotros posponemos, la vida se da prisa

Es fundamental que disfrutemos cada momento, ya que no volverán. No podemos esperar que lo negativo llegue a nuestras vidas para empezar a aprovechar cada segundo

La vida no te dice nada, te lo enseña todo; y es tan buena maestra que, si no aprendes la lección, te la repite…

John Lennon dijo una vez que “la vida es eso que pasa mientras estamos haciendo otros planes”. Con ello quiso decir que vivimos como si no hubiese límite en nuestro tiempo cuando, en realidad, el tiempo es lo más finito que hay y siempre termina acabándose.

La vida pasa mientras seguimos a la espera de que vengan tiempos mejores. Tristemente, pensamos de esta forma “Tengo que dedicar más tiempo a mis seres queridos”“El mes que viene me pongo a dieta”, “Cuando tenga menos trabajo, leeré más”, etc.

Pero, ¿cuándo pensamos en hacerlo inmediatamente? ¿Y en trazar un plan de acción? Casi nunca o nunca. O sea, generalmente tiene que sucedernos algo grave para ponernos las pilas y decir “es la hora perfecta para cambiar y actuar”.

El peligro de la comodidad emocional

Vivir solo buscando la seguridad y la comodidad es vivir dentro de unas murallas donde se está muerto.

J.M. Fericgla

Es complicado sostenerse sin establecer prioridades en nuestros deseos. Vivimos cómodos siendo ignorantes porque eso es lo que, precisamente, nos permite sentarnos en nuestro sofá y no sentirnos culpables.

La comodidad siempre es peligrosa. Lo es porque no nos deja ver más allá de lo simple, de lo a gusto que nos encontramos, de lo que conocemos y del conformismo. Así, con frecuencia caemos en las trampas que nos ha preparado el espejismo de bienestar en el que creemos vivir.

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¿Qué es lo que nos perdemos por dejar la vida pasar?

En primer lugar, lo que debemos plantearnos es cuáles son nuestras dudas, qué es lo que anhelamos y cómo podemos conseguirlo. Es decir, tenemos que simplificar nuestros conflictos.

No te engañes. Para vivir felizmente no te hace falta tener lo mejor del mercado o moldearte a golpe de bisturí un cuerpo perfecto. Quizás el problema está en cómo te estás deseando, no en lo que deseas. Tu miedo no es al amor, es al compromiso, a ser amado y no dar la talla. Tu problema no es que no sueltas, sino que no aceptas que esa persona ya se fue. Y así con un sinfín de cuestiones.

Nos levantamos cada día como si tuviésemos una eternidad para preguntarnos cómo podemos realizarnos y dar un paso más en la consecución de nuestras metas. Se nos está olvidando que la arena pasa rápidamente al otro lado del reloj y que con cada grano se nos va una nueva oportunidad.

Porque, precisamente, lo que nos perdemos es la oportunidad de seguir, de escalar nuestra montaña, de contemplar las vistas. También se nos olvida que, de momento, es la única vida que tenemos la certeza de poder compartir, por eso dejamos escapar momentos que nunca volverán.

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Deberías pararte a pensar sobre lo que estás dejando marchar con el tiempo. Pregúntate cuáles son tus valores y piensa si lo realmente importante es lo que la sociedad espera de ti o lo que tú quieres. Esto no tiene por qué ser incompatible, pero tus prioridades son solo tuyas.

La vida está montada para que no nos percatemos de que, día tras día, el sol se acuesta muy temprano. Postergamos nuestros sueños pensando en que habrá tiempos mejores en los que podamos arañar más horas al día, pero no nos damos cuenta de que nuestro reloj no conoce el mundo más allá de las 24 horas que sabe marcar. Así, la única opción que tenemos de pelearnos con nuestros sueños es la que nos otorga el día de hoy.

Lo que aprendemos con el tiempo

Estamos tan ocupados soñando y programando el futuro que dedicamos el tiempo presente a empaquetar esos sueños que pensamos cumplir algún día y los mandamos a un destino en el que quizás nunca estaremos.

Con el tiempo comprendemos que la vida pasa ante nosotros una vez, que no da rodeos y que, cuando eso sucede, nos da la opción de apreciar las pequeñas cosas que nos ofrece.

Precisamente, vivir consiste en esto. En reconocer los caminos que nos dan las pistas para comprender que nuestra media naranja no existe, que está dentro de nosotros y que, si seguimos buscando fuera lo que está dentro, nunca lo encontraremos.

Así es que, con el tiempo, te das cuenta de que tienes que “desorganizar tu mundo” si quieres llegar a ser diferente y a poseer tu propia felicidad.

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¿Cómo empezar a Vivir?

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.

Benjamin Franklin

Vivir nuestra vida en primera persona es la única manera de conocernos de verdad. Estamos de acuerdo en que esto entraña una gran dificultad; sin embargo, el premio que obtenemos por ello vale su peso en oro. Para crear una buena puesta en escena, necesitamos completar nuestras inquietudes. A continuación os damos algunas claves:

  • Vive en primera persona y sin inercias. Pierde el miedo que te tienes a ti mismo. Es decir, tus barreras son tuyas. Eres tú quien las impone y eres tú quien te impide vivir. Por eso, es a ti a quien le corresponde localizarlas y eliminarlas.
  • Vive el momento. Cada segundo de nuestra vida contiene enseñanzas que desestimamos por ser inmediatas. Otorgamos poca importancia a lo habitual y a lo fugaz, dejando que se escape el aprendizaje. No esperes que lo negativo llegue a tu vida para empezar a aprovechar cada segundo. ¡Hazlo desde ya!
  • Reflexiona sobre ti y tu mundo. Hazlo sin miedo. Aunque estés lejos de tus ideales, pensar sobre ello es el primer paso para acercarte. De la misma manera que el herrero tiene que conocer todo lo necesario sobre metales, herramientas o técnicas, para convertirnos en personas plenas y felices será preciso, primero, que conozcamos cómo somos y cómo queremos llegar a ser. En definitiva, cómo queremos vivir.
  • Vive de manera consciente. ¿Has pensado en si te estás fallando a ti mismo? ¿Estás siendo responsable contigo y con tu entorno? Persigue la claridad, deja la pereza mental a un lado y hazte preguntas, muchas preguntas. Vivir de manera irreflexiva solo te conduce al fracaso vital.
  • Sé honesto contigo mismo. A la hora de responderte, no te engañes. Mantén limpia tu reputación personal. Se trata de creer y confiar en uno mismo; esto nos hará comportarnos naturalmente y fomentar el crecimiento de nuestra autoestima.

El hecho de relegar nuestros intereses, nuestro disfrute y nuestra vida a un segundo plano conlleva el padecimiento de diversos problemas, entre ellos los emocionales. Como dijo Einstein“no podemos resolver un problema desde el mismo nivel de comprensión en el que lo creamos”. Por eso, está claro que algo tiene que cambiar y que el cambio solo comenzará cuando empecemos a cazar las respuestas que nos conducen a actuar.

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