Las 8 claves fundamentales para evitar el cáncer

Nunca es tarde para cambiar de hábitos y empezar una vida más sana para que las posibilidades de desarrollar un cáncer sean mínimas o sea más fácil detectarlo a tiempo

Mucho se habla de las formas o tratamientos disponibles para eliminar una de las enfermedades que más muertes causa a diario.

Sin embargo poco se informa en relación a los hábitos o decisiones que podemos tomar para evitar el cáncer.

En este artículo te contamos las claves para que no aparezca ni se desarrolle en tu cuerpo.

Consejos para prevenir el cáncer

Esta enfermedad, aunque parezca lo contrario, es casi tan antigua como la humanidad. El primer caso de un “paciente” con cáncer data de hace 120 000 años (tenía un tumor en una costilla, según la investigación).

En la actualidad millones de personas sufren las consecuencias de una patología que comienza silenciosa y muchas veces es diagnosticada fuera de tiempo.

Si bien algunos detonantes son imposibles de obviar, como es el caso de las alteraciones genéticas, existen ciertos hábitos o formas de vida que nos hacen alejarnos cada vez más del cáncer.

Nada puede garantizarnos un 0% de riesgos pero al menos podemos aumentar bastante las probabilidades de que no se desarrolle en nuestro cuerpo. Las claves para evitar el cáncer son:

Ver también: 7 señales de cáncer cervical que las mujeres deberían tener en cuenta

Seguir una dieta mediterránea

Seguir una dieta mediterránea

Se dice que es una de las más saludables y equilibradas que existen. Está compuesta por alimentos conocidos como “anticáncer” como es el caso de las coles, los champiñones, los frutos rojos o el aceite de oliva, entre otros.

También podemos añadir zanahoria, achicoria, patata, legumbres y plátanos a esta dieta maravillosa que evita la formación de células tumorales.

Mantener un peso saludable

No quiere decir que solo los obesos padecen cáncer. Sin embargo, sí aumentan considerablemente las posibilidades de sufrirlo.

Se recomienda mantener un índice de masa corporal normal. Este indicador relaciona el peso con la altura de la persona.

No hay que olvidar que la grasa acumulada en el abdomen incrementa el riesgo de padecer varias enfermedades (no solo cáncer, sino también diabetes o infartos).

Realizar actividad física

Realizar actividad física

El ejercicio no es únicamente para aquellas personas que desean perder peso. También sirve para que el cuerpo esté más saludable y batalle contra los radicales libres, los virus y… el cáncer. Así es.

Está comprobado que 1 hora diaria de caminata nos “aleja” del médico.

A su vez, ejercitarnos nos permite disfrutar de una mejor salud cardiovascular y reducir los dolores musculares. La disciplina o la intensidad depende de cada persona. Vale la pena ir aumentando las cantidades y las potencias de vez en cuando.

Dejar de fumar (o nunca comenzar)

La cuarta parte de los casos de cáncer en la actualidad está relacionada con el tabaco. Los órganos afectados por esta adicción son los pulmones, la laringe, la boca, la garganta y el esófago.

También puede provocar cáncer de páncreas, cuello de útero y vejiga.

Puede ser muy difícil dejar de fumar, pero los beneficios que se obtienen valen la pena el esfuerzo y la abstinencia (incluso el aumento de peso asociado a comer más por falta de nicotina en el organismo).

No excederse con el alcohol

Bebidas alcohólicas

El consumo indiscriminado de bebidas alcohólicas aumenta las posibilidades de sufrir cáncer de boca, esófago, garganta, laringe, mama y, por supuesto, hígado.

Cuanto más se beba a la semana y mayor sea la graduación alcohólica de la bebida elegida, así aumentarán las posibilidades de sufrir enfermedades.

Lo “normal” es una medida diaria en las mujeres y dos en el caso de los hombres. Pero ,atención, que una medida no es una copa, sino ⅓ de copa de cerveza (33 ml), 44 ml de bebidas blancas (como el tequila) y 150 ml de vino tinto.

Evitar el sedentarismo

Los empleos actuales nos llevan a pasar muchas horas sentados frente al ordenador y, al llegar a casa, en el sofá mirando la televisión. Sin dudas, esto trae como consecuencia muchas enfermedades y problemas.

La cuarta parte de los pacientes con tumores llevan una vida sedentaria.

Si no nos gusta hacer ejercicio no hay problema, porque podemos empezar a cambiar algunos hábitos cotidianos:

  • Subir por las escaleras en lugar de usar el elevador.
  • Ir al trabajo en bicicleta y no en metro.
  • Hacer la compra andando en vez de utilizar el coche.
  • Limpiar la casa enérgicamente.

Disminuir el azúcar y la sal

Disminuir el azúcar y la sal

Estos dos complementos alimenticios que no faltan en nuestros platillos a diario pueden ser más que dañinos para el organismo pero muy beneficiosos para la formación de tumores y células cancerígenas.

En el caso del azúcar no solo hay que reducir las cucharadas que se echan en las infusiones, sino también los alimentos que compramos como, por ejemplo, las galletas, los refrescos o los postres.

En lo que se refiere a la sal, limitar el consumo es necesario para evitar problemas renales, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y, por supuesto, cáncer.

El sodio, además, está presente en muchos alimentos que ingerimos a diario y que vale la pena eliminar o reducir de la dieta (comida rápida, procesados, sopas, alimentos instantáneos, etc.).

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Conocer nuestros antecedentes

La herencia es preponderante en muchos casos de cáncer (sobre todo, de mama). Si bien solo el 10% de los tumores tienen orígenes genéticos y familiares, vale la pena tener en cuenta los antecedentes de padres, abuelos y tíos.

Saber de antemano esta información ayuda a los médicos y a los pacientes a realizar un diagnóstico precoz a tiempo y conseguir una recuperación exitosa o favorable.

Muchas mujeres que portan genes implicados en el desarrollo de cáncer acuden a la consulta con anticipación y eso sirve para prevenir y tratar con mejores resultados.