Cuando el miedo me paraliza

Para vencer nuestros miedos es fundamental que dejemos de huir y nos atrevamos a plantarles cara. Nos daremos cuenta de que todo es producto de nuestra mente

El miedo es una reacción normal y, lejos de lo que podamos pensar, es positiva. El miedo nos alerta de que nos encontramos ante un peligro, ante el cual se activan unos mecanismos que nos protegen.

De esta forma, gracias al temor podemos pensar más deprisa, correr o saber cómo reaccionar.

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El problema del miedo es cuando este, en vez de actuar como protector, se vuelve en nuestra contra. Esto ocurre cuando te paraliza, te bloquea y no puedes pensar ni actuar. Es en estos momentos cuando el miedo, lejos de ser tu amigo, se convierte en tu enemigo.

El miedo y sus fases

Existe un círculo del miedo en el que nos vemos sumergidos y del que no podemos salir. Este círculo no hace más que incrementar nuestro temor, sin la posibilidad de poder solucionarlo o salir de él.

En ocasiones, nuestros miedos solo existen en nuestra mente y estos son los que nos paralizan.

mujer con miedo

Hay una frase que dijo la científica Marie Curie y es que “dejamos de temer aquello que empezamos a conocer”. Esta frase tiene mucho sentido, pues nuestros temores muchas veces se originan ante algo que desconocemos pero, una vez sabemos lo qué es, dejamos de temer.

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Primera fase: Imaginación exagerada

Esta es la primera fase del miedo,que empieza en nuestra mente y que nos hace imaginar la peor de las situaciones. Realmente, nos ponemos en lo peor sin darnos cuenta y sin ser conscientes de ello, exagerando lo que, en realidad, puede no ser nada.

A muchas personas les ocurre que, ante cualquier situación, siempre se ponen en lo peor. El catastrofismo hace que se bloqueen y se paralicen, pues la situación que está pasando por su mente es imposible de solucionar o de poder escapar de ella.

Está en nuestra mente.

Segunda fase: El miedo propiamente dicho

Es en esta fase cuando sentimos el miedo como tal. En nuestro cuerpo se activan ciertos circuitos que hacen que nos pongamos en tensión, que nuestro corazón se acelere y que nuestra mente vaya más deprisa.

Este temor se manifiesta cuando nosotros pensamos en él. Es decir, si yo tengo miedo a hablar en público y pienso “¡qué vergüenza!”, mi cuerpo se pondrá alerta ante una posible situación de peligro.

Cuando nos encontramos en esta fase es cuando se originan los ataques de ansiedad o de pánico que van de la mano con este temor. Nuestro cuerpo se prepara y sentimos verdadero miedo.

El momento de actuar se acerca.

miedo

Tercera fase: El terror te paraliza

Lo normal es que, tras la segunda fase, nos pongamos en acción. Nuestro cuerpo está preparado, todo funciona bien pero, llegados a este tercer punto, algo falla. El miedo, en vez de acelerarnos, nos paraliza, provocando que nos bloqueemos y no sepamos cómo actuar.

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Si la persona que teme hablar en público se ha puesto en lo peor y ya siente como el temor invade su cuerpo, lo normal es que se quede sin voz una vez tenga que ponerse en acción. Esto, además de ser frustrante, genera impotencia.

Cuarta fase: El origen de los miedos

Después de pasar por todas las fases anteriores, ¿qué es lo que realmente está generando estos miedos? ¿Qué es lo que aparece en nuestra mente que nos paraliza? Realmente, es nuestro primer miedo, una situación que nos ha marcado y que recordamos en momentos similares.

Este recuerdo que no podemos eliminar y que no ha sido “sanado” nos bloquea.

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Este bloqueo y esta parálisis se producen porque, en vez de enfrentar nuestros temores, escapamos de ellos. En ocasiones el miedo nos paraliza, nos arrincona porque no tenemos escapatoria.

Sin embargo, seguro que has pasado por momentos de miedo antes en los cuales has intentado esquivarlo.

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Debemos enfrentarnos a nuestros miedos, a su origen, para que no nos persigan el resto de nuestras vidas. Escapar, permitir que nos paralice, nunca será la solución. Mira al miedo a los ojos, enfréntate a él y verás cómo entonces sabrás qué hacer.