Conocer a la persona perfecta en el momento preciso es mágico

Aunque no lo creamos, es nuestro inconsciente el que, basándose en experiencias anteriores, genera esa intuición que nos manda señales de que esa persona que tenemos delante es especial

La sociabilidad y ese deseo continuo y profundo de conocer personas para disfrutar de su conexión, es algo que habita desde siempre en el corazón de la existencia humana.

Aristóteles ya habló de ello en su momento. Más tarde, los médicos austríacos Alfred Adler y Rudolf Dreikurs fueron los primeros en abordar el tema de la sociabilidad de una forma teórica y empírica vigorosa.

A su vez, tampoco podemos olvidar la clásica pirámide de necesidades humanas de Abraham Maslow.

Ahí donde la búsqueda de aceptación, de afecto, amistad, amor y pertenencia definen, sin duda, ese valor, ese principio genético que nos da forma y que a su vez, garantiza nuestra supervivencia.

Ahora bien, si hay algo que todos sabemos es que no resulta nada fácil dar con esa o esas personas que sintonizan por completo con nuestro ser, con nuestros valores, con nuestra identidad, aficiones y pasiones.

Es necesario recordar también que para consolidar una gran amistad o una buena relación de pareja no es necesario coincidir al 100% en cada uno de los aspectos que orlan nuestra personalidad.

Existe algo más intangible, algo que no podemos definir o explicar que gesta esos vínculos realmente mágicos que perduran en el tiempo.

De vez en cuando, y casi sin saber cómo, “conectamos” con alguien, todo lo hemos experimentado en alguna ocasión. Alguien perfecto que llega en el momento preciso, en el más necesitado…

Si te ha ocurrido esto mismo alguna vez, te proponemos ahondar en el tema para entender qué puede explicar este maravilloso fenómeno.

Conocer a la persona perfecta: el poder de la conexión

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Louise Hawkley es científica de la Universidad de Chicago (Estados Unidos) y especialista en la investigación de fenómenos psicosociales.

Según esta investigadora, gran parte de esos vínculos tan especiales que no sabemos cómo definir, pero que consolidan amistades muy fuertes o relaciones de pareja estables y felices, se caracterizan por tener en común estas dimensiones que construyen lo que a menudo denominamos como “conectividad” a grandes rasgos:

  • La conectividad íntima es la primera de ellas, y hace referencia a ese aspecto más privado que es la dimensión del “yo”.
    • Cuando conocemos a alguien sentimos casi de inmediato si esa persona armoniza o conecta con nuestro ser, si somos entendidos, si hay frescura, complicidad…
    • Es como un instinto natural que tiene que ver mucho con la intuición.
  • La segunda dimensión se define como conectividad relacional y tiene que ver con la frecuencia con la que tenemos contacto con esa persona.
    •  A menudo, cuando conocemos a alguien, no sentimos especial necesidad o interés de enviarle mensajes, de comentar ciertos aspectos, de quedar con ellas…
    • Sin embargo, en la conectividad real sí existe esa complicidad cotidiana del “buenos días, qué tal” de “he pensado esto”, “hacemos esto o lo otro”…
  • Por último, tenemos la conectividad colectiva y hace referencia a la comodidad con la que esa persona se integra también en nuestro núcleo personal más cercano (familia, amigos…).

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El poder de la intuición o ese sexto sentido que nos guía hacia las personas acertadas

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Tal y como hemos señalado al inicio, hallar a esa o esas personas especiales no es fácil.

La mayoría hemos sufrido desengaños, todos hemos depositado esperanzas e ilusiones en personas que, en algún momento, nos han fallado o, simplemente, no eran como pensábamos.

También nosotros mismos habremos fallado a alguien o puede incluso que, en un momento dado, hallamos decidido que es mejor establecer distancias, por los motivos que sean.

Todas estas dinámicas son normales en nuestro ciclo vital, en esa línea de tiempo donde uno adquiere experiencia y sabiduría, ese sustrato mágico que, al fin y al cabo, hace que nuestro sexto sentido sea cada vez más hábil, más despierto.

Ahora bien, algo que nunca podemos dejar de lado o infravalorar es el poder de la intuición.

Y es que es ella quien -casi siempre- hace precisas y acertadas lecturas sobre quién nos conviene y quién no.

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¿Cómo trabaja la intuición a la hora de conocer a una persona?

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Nuestra intuición no tiene nada de sobrenatural, de mágico o de poder extrasensorial.

  • En realidad, es la habilidad que tiene nuestro cerebro de darnos opiniones o informaciones rápidas según lo que se halla en nuestro inconsciente.
  • Ese baúl íntimo y excepcional que es nuestro inconsciente esconde en realidad la esencia de todo nuestro ser: las experiencias pasadas, nuestras emociones, nuestra identidad, deseos ocultos, necesidades, valores, recuerdos…
  • Lo que hace la intuición es un viaje rápido hacia ese baúl, hacia ese jardín espectacular que es nuestro inconsciente para consultarlo, para hallar una respuesta rápida a una duda, a una imagen, a un rostro

Cuando conocemos a alguien nuestro inconsciente hace una valoración rápida de acuerdo con lo que somos y lo que nos define.

Al poco, nos manda una sensación, ese pinchazo o ese cosquilleo extraño que asoma en nuestra mente y que conforma la intuición o la corazonada.

Será esta lo que nos diga si esa persona es de fiar o no, si vale la pena volver a verla, darle nuestro teléfono…

Para concluir, nunca está de más escuchar esa voz interior y valorarla.

Las conexiones mágicas con otras personas acontecen cada día. Sin embargo, recuerda: debes ser receptivo, dejarte llevar y estar atento a lo que te envuelve para dar con ellas…