Carta a ese niño dolido que se esconde bajo una apariencia adulta

Aunque no lo creas, ese niño dolido que se esconde en tu interior dará paso a un adulto fuerte y justo que sabrá apreciar el verdadero valor de las cosas

Sé que es difícil todo por lo que estás pasando. Apenas tienes 8 años y ya has aprendido a camuflar tus emociones y a sacar fuerzas de donde sea.

Eres un niño dolido, un niño que tiene el alma rota. Todo a causa de una serie de circunstancias que te ha tocado experimentar a una edad muy temprana.

Quizás tus padres no tengan una relación sana y tú tengas que presenciar sus discusiones, ver cómo se odian y cómo, en ocasiones, te hacen incluso partícipe de sus broncas.

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Tal vez, no tengan tiempo para ti o, simplemente, tengan otras prioridades como el trabajo o su descanso.

Por eso te dejan con los abuelos y cuando están contigo no te dan ese tiempo de calidad que tanto demandas.

Ese niño dolido tiene una herida que le escuece

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A pesar de todo esto, nadie sabe lo mucho que te está afectando todo lo que sucede a tu alrededor.

Y es que los mayores siempre creen que los niños viven el momento, que se olvidan pronto de las cosas y que están “en su mundo”.

Sin embargo, tú sabes que todo eso te llega muy adentro y, aunque ahora no se manifiesten de ninguna manera las consecuencias, tarde o temprano, lo harán.

Eres un niño dolido, con una herida que escuece y que va creciendo porque nadie te ayuda a sanarla. No sabes cómo. No tienes las herramientas para hacerlo. Eres todo un principiante en este juego de la vida.

A veces, lloras. Sí, pero lo haces cuando estás en tu cama, en la oscuridad, quizás con algún ruido de fondo que delata nuevas diferencias que han surgido entre tus padres.

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Te sientes impotente, vacío, sin nadie que te entienda ni que te apoye. Eres tan solo un niño y, sin embargo, no ves que los adultos se comporten como tal.

Ellos no paran de repetirte que no hagas esto y aquello. No obstante, a veces te das cuenta de que no cumplen con aquello que te intentan enseñar. ¡Qué incoherentes son los adultos! ¿Verdad?

Una falsa apariencia adulta que permite soportar los golpes

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Ante tanta incoherencia y tanto dolor que todo el mundo prefiere ignorar, adquieres una apariencia adulta, te muestras entero, no lloras en público, no gritas, no te manifiestas…

Tan solo observas con tristeza lo que a tu alrededor sucede y te resignas. No puedes hacer nada, porque nadie te toma en serio. Eres demasiado pequeño, pero al mismo tiempo te ves empujado a comportarte como un adulto.

Nadie te percibe. Nadie te ve. Eres consciente de que las personas se conforman con ver la apariencia física, pero se quedan solo ahí, en lo superficial.

No obstante, tu familia debería conocerte, saber que estás fingiendo estar bien cuando no es así.

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Deberían preocuparse por ti, ¡deberían hacer algo! ¿Por qué permitirán esa situación que te hace tanto daño?

Al final, terminas comprendiendo que las personas tienden a mirar tan solo para ellas mismas, buscando su beneficio, retorciéndose en su dolor, mientras ignoran a aquellos que también les afecta lo mismo a su alrededor.

Las experiencias, buenas o malas, tienen un cometido

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A pesar de esto, de todos los problemas con los que te encontrarás en un futuro en tus relaciones por haber sido un niño dolido bajo una falsa apariencia de adulto, todo esto te permitirá crecer.

Madurarás, aprenderás y te convertirás en alguien que sabrá transformar ese dolor en algo bueno, en algo positivo que te impulse hacia adelante.

Ganarás en resiliencia, comprenderás el valor de saber expresar e identificar tus emociones, sabrás cómo gestionarlas y, sobre todo, aprenderás a perdonar.

Perdonarás a tus padres porque no han sabido hacerlo mejor y te perdonarás a ti mismo por haberte sentido culpable en ocasiones sin en realidad serlo.

Cuando te des cuenta, esa herida que albergabas en tu interior se habrá cerrado, dando lugar a una cicatriz a la que mirarás con mucho cariño.

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Porque, aunque las heridas emocionales de la infancia sean las más dolorosas y difíciles de sanar, no serán las únicas con las que tendrás que lidiar.

A lo largo de tu existencia tendrás que sufrir llagas, más heridas que, quizás, abran aquella que parecía estar ya cerrada.

No te preocupes. Ese niño dolido que ahora eres se convertirá en un adulto muy fuerte, resistente y que sabrá darle un gran valor a las sonrisas y a los buenos momentos.

Ilustraciones cortesía de Benjamin Lacombe.